Cántame... una canción de amor (Prólogo)

sábado, 29 de agosto de 2015

Empieza la cuenta regresiva para la novela "CÁNTAME... una canción de amor" (Libro independiente, secuela de la serie Santuario de Colores). Durante un tiempo y hasta que se publique iré subiendo aquí los primeros capítulos. Espero que lo disfruten. ¡Saludos amig@s!


UNA CANCIÓN RETRO

Ella...

Miré fijamente al hombre moreno que acababa de invitarme un trago.
—Le agradezco mucho, pero ya tengo uno —me negué y volteé en la silla giratoria del bar. Le di la espalda a propósito, para que no siguiera hablándome y tomé un trago de mi copa de champagne.
Reconocería al hombre correcto apenas lo viera, igual que la vez anterior.
Me alisé mi falda negra de seda y descrucé mis piernas para volver a cruzarlas cambiando de extremidad. El tajo que tenía a un costado se abrió y dejó a la vista uno de mis muslos, no hice amague alguno de taparme. Agité mi cabello castaño rojizo corto, desflecado y lleno de rizos, lo acomodé con mis manos y sorbí otro poco de mi burbujeante bebida.
Esperaba que a los ojos de los hombres en este bar les pareciera tan chispeante como el champagne que estaba bebiendo. En lo personal me sentía muerta por dentro, pero había descubierto con asombro que podía ser una gran actriz.
Miré alrededor y me felicité por la elección del lugar. El bar tenía un ambiente íntimo, música suave, luces tenues, era muy elegante y además… la mayoría de sus clientes eran huéspedes del hotel, extranjeros que estaban de paso. Y eso era exactamente lo que había venido a buscar.
Mis ojos se cruzaron en ese momento con los de un hombre que acababa de entrar impecablemente vestido. Mi corazón empezó a latir de prisa, él me sostuvo la mirada y sonrió, entorné los ojos y amagué una sonrisa. A primera vista me gustó… parecía ser un buen candidato. Alto, de piel blanca, ojos claros y cabello negro. No podía ver bien su físico pero se notaba delgado debajo del costoso traje a medida.
Pero una mujer apareció detrás de él y puso una mano de uñas perfectas sobre su hombro, él le sonrió también y avanzaron hacia una mesa.
¡Mierda! Estaba acompañado. La búsqueda continuaba…
Ya era casi medianoche y no me había topado todavía con mi candidato perfecto. ¿Qué tan difícil podía ser encontrar un semental?
Un grupo ruidoso entró en ese momento al bar riendo y hablando un inglés muy cerrado. Ni siquiera les presté atención porque estaban vestidos de cuero, llenos de piercings y tatuajes. No eran en absoluto mi estilo.
Una hora después ya me sentía desanimada. Había rechazado la invitación de media docena de hombres mientras acababa mi tercer trago. Suspiré.
—Señorita, esto le envía un caballero —dijo el camarero— y puso otra copa de champagne frente a mí.
—¿Qué caballero? —pregunté, para ver si tenía que declinar.
—No quiso identificarse —y se fue.
¿Quién podía ser tan estúpido como para invitar algo por nada? Me encogí de hombros y le di un sorbo ya que no podía devolverlo.
—Menos mal, temía que a mí también me rechazaras —susurró un hombre en mi espalda—. Dime que hablas inglés, por favor.
Me gustó su voz aterciopelada, y también su estilo. Aun sin verlo, supuse que sería alguien interesante. Porque se tomó el tiempo para crear una estrategia que le resultara por encima de los demás. Como un depredador, analizó a su presa y actuó en consecuencia. Rogué en mi interior porque fuera lo que buscaba en el aspecto físico.
—Como una nativa americana —respondí en inglés e intenté voltear.
No me lo permitió. Se pegó a mi espalda y me sostuvo con ambas manos en mis brazos y su mejilla en la mía. Noté su pecho amplio y su estómago plano.
—Soy Jared —dijo.
—Candy —susurré.
—¿Bromeas? —sentí que rio.
—Sí —acepté.
—¿Sí bromeas o sí te llamas Candy? —indagó divertido.
—¿Importa?
—No, la verdad… no. ¿Qué hace una mujer tan bella como tú sola en una noche de jueves? —preguntó e hizo a un lado mi cabello para que sus labios tocaran mi oído cuando me hablara.
—Quizás lo mismo que tú —respondí estremeciéndome ante su respiración cálida en mi cuello—. Déjame verte porque esto ya no es gracioso.
—Claro, pero antes te diré lo que estoy buscando. Si coincidimos, dejaré que me mires para que puedas tomar una decisión. Si no, me iré de la misma forma que vine.
—Bien —asentí.
—Quiero una compañía cálida y apasionada en mi cama esta noche —murmuró.
—Yo también —mentí sin tapujos. La realidad era que solo quería follar.
—Maravilloso. Te llamaré… Hetera.
—No soy una cortesana —le aclaré recordando que ese era el nombre que recibían en la antigua Grecia.
Volteó el taburete. Aspiré una gran bocanada de aire. Nos miramos fijamente.
—Serás la mía esta noche —su seguridad era alarmante—. Respira.
Solté el aire.
Por fuera parecía seria y fría, por dentro estaba a punto de desmayarme.
Él sonreía, se notaba que a pesar de sus 30 años y algo más tenía mucho mundo recorrido. Dejó que lo mirara a placer. Sus ojos pardos eran preciosos, pícaros y entornados. Tenía el cabello largo y rizado, por el hombro.
No era en absoluto mi estilo de hombre, jamás me hubiera fijado en él si no hubiera hecho toda esta comedia. Pero era guapo… muy guapo, y me gustaba su confianza, su personalidad desenfadada y su actitud traviesa. Al fin y al cabo, era eso lo que buscaba, sin importar que llevara pantalones de cuero o tatuajes.
—¿Vamos? —preguntó ofreciéndome su mano, muy seguro de sí mismo.
Se la tomé.

Él…

Me llamó la atención desde el instante mismo en el que entré al bar.
Ella dio una rápida ojeada a mi grupo y nos descartó sin pensarlo dos veces. Estaba de cacería, se notaba. Yo sabía de lenguaje corporal y todo en esa mujer indicaba acecho, búsqueda y captura de una presa. La forma en la que cruzaba sus piernas o ladeaba su cabeza mostrando su hermoso cuello de cisne.
Era bellísima.
Lo que más me atrajo solo al verla fue su piel olivácea en contraste con sus increíbles ojos verdes claros, casi transparentes.
Y su estilo. Sin lugar a duda era una mujer fina.
No acostumbraba a ir a la caza, soy un cantante famoso y las mujeres normalmente se me regalan. En este mismo momento hay un puñado de ellas gritando por mí fuera del hotel. Pero no había nada que me gustara más que convertir a una princesa en una puta en la cama. Y esa mujer lo era… de la realeza, etérea, magnífica. ¿Cómo sería observarla perder la compostura y contonearse de pasión con las piernas abiertas para mí?
Mi mejor amigo reaccionó dentro de mis pantalones de cuero ante la idea.
Suspiré y reí ante una de las tonterías que los muchachos de mi grupo estaban diciendo. Habíamos salido con los organizadores de nuestro evento en Paraguay, una cena aburrida, como todas las de ese tipo.
Hacía un mes que estábamos de gira sudamericana, ya estaba harto de ver siempre las mismas caras de mis compañeros de viaje. Tenía "mal de barco", sin duda alguna. El equipo técnico ya estaba descansando porque debían organizar el concierto del día siguiente, pero nosotros los artistas no necesitábamos despertar tan temprano… así que decidimos tomar un último trago en el bar.
Todos buscando lo mismo, una compañía cálida para pasar la noche.
Ya había identificado a la mía.
Vi que uno tras otro varios candidatos fueron rechazados. Eso hizo que me quedara en el molde, analizando la situación… ¿cómo conseguir a la princesa sin sufrir un humillante repudio?
No fue difícil, solo una cuestión de estrategia bien planeada.
Primero la seduje con la incógnita de una copa de champagne, luego con mi voz en su oído, un ligero toque a sus brazos. Todo sin que pudiera verme. Cuando por fin nuestros ojos se encontraron, no tenía duda alguna de su capitulación.
Le ofrecí mi mano, no tuvo recelo alguno en tomarla.
—¿Vamos? —pregunté.
Y se bajó del taburete mirándome con los ojos entornados, esos increíbles ojos de gata… que me hechizaron.

Continuará...

2 comentarios:

Mery Cea dijo...

Ayyy mi Dios ya muero, solo quiero tenerlo en mis manos, los adoro. Besos desde Isla de Pascua Chile

cleo conelly dijo...

Ayy Grace!! Me matarás con estos adelantos!! No sé si sobreviviré hasta el día que lo tenga en mis manos junto a Dibújame y Píntame!!!

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